Muchas personas desean cerrar el piercing del lóbulo de la oreja por requisitos laborales o cambios en su estilo de vida. El procedimiento es sencillo y se realiza bajo anestesia local en aproximadamente 30 minutos, sin dolor.
La técnica quirúrgica consiste en preparar la zona afectada y suturar las zonas periféricas para lograr un aspecto natural con cicatrices mínimas a lo largo del contorno del lóbulo.
Las ventajas del procedimiento son: no requiere ingreso en quirófano, solo anestesia local, cicatrización rápida (2 semanas hasta que se disuelven los puntos) y cicatrices prácticamente imperceptibles.
El procedimiento funciona en distintas situaciones: dilataciones grandes, lóbulos rotos por pendientes pesados o cierres de piercing estándar. La doctora hace hincapié en elegir un cirujano plástico cualificado antes que priorizar el coste o la rapidez, ya que afecta a la estética facial.
Las expectativas deben ser realistas: aunque las cicatrices se vuelven casi imperceptibles, no desaparecen del todo. El abordaje es individualizado; algunos pacientes pueden volver a ponerse pendientes tras la curación completa si lo desean, aunque el tejido cicatricial es frágil.